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Triste historia de un perro callejero

15 oct. 2011

Habían pasado dos días sin conseguir algo que llenara mi estómago,
el Sol de mediodía era absorbido por mi pelaje oscuro y la sed se hacía insoportable.
Como siempre, sin rumbo, comencé a subir un camino asfaltado.
Creí escuchar el sonido del agua y me dispuse a cruzar la calle.

Todos los pensamientos fueron arrancados de mi mente,
un fuerte golpe hizo que rodara sobre mi cuerpo.
Quise levantarme y correr. Mis patas traseras no me respondieron.

Me di la vuelta y una parte de mi cuerpo había sido arrancada.
Confundido y terriblemente dolorido, me arrastré sobre las patas delanteras hacia unos fierros en busca de protección.
Mientras tanto, muchos vehículos pasaron velozmente por mi lado.
El Sol no dejaba de quemar mi cuerpo,
la sed había sido sustituida por un dolor cada vez más intenso.

Mientras alucinaba, escuche la voz de mi amo llamándome "... ¡¡Negro!!..".
Creí que me buscaba, y traté de incorporarme una vez más.
No había nadie, sólo estaba soñando.
Al terminar la tarde estaba demasiado débil para incorporarme,
entraba de rato en rato en largos sueños
que trajeron a mi mente los días felices:
mi madre, mis hermanos, mi nueva casa, los niños que jugaban conmigo…
Una vida sin problemas.

Un día, por algún motivo, todos se fueron.
Se llevaron lo muebles, las plantas, y la casa quedó vacía.
Vi muchas lágrimas en los niños cuando se despidieron de mí
y yo no entendí nada de lo que pasaba.

Como siempre los acompañaba, corrí detrás del camión para despedirlos.
Esa noche los esperé hasta tarde.
Como no llegaban y hacía demasiado frío,
comencé a rascar la puerta y nadie me abrió,
Pasaron muchos días esperando,
di vueltas por el barrio en busca de comida y aprendí a sobrevivir de basura.
Los golpes y el desprecio se hicieron cotidianos
junto al hambre, la sed y el frío.
Un frío tan intenso como el que comenzaba a sentir ahora,
junto con el dolor que no me dejaba descansar.

El silencio de la noche era interrumpido por las luces de los vehículos,
que pasaban muy cerca mío como si no existiera.
Al llegar la madrugada sentí un dulce calor en el cuerpo,
una sensación de abrigo que cogía mi vida del frío pavimento.
Supe que no los volvería a ver, que era hora de partir,
tal vez a un lugar mejor.
Y mi mente se volvió a preguntar lo que había estado presente todo este largo día:


¿DONDE ESTABAS TÚ CUANDO YO ESTABA HERIDO?

Evitemos las cosas horribles que hacen muchos seres sin corazón.




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