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Cómo rescatar animales desconfiados

27 abr 2012

A veces, nos encontramos en situaciones en las que no sabemos o no podemos controlar. Un animal tímido y desconfiado, hambriento, al cual queremos ofrecerle algo de comida, pero sale corriendo nada más acercarnos. El Equipo de Rescates de ANAA nos ofrece algunos consejos, para que nos sea algo menos complicado:

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COSAS QUE SÍ DEBEMOS HACER:


  • Establecer una rutina al perro, dándole de comer todos los días en el mismo sitio y a la misma hora, una cantidad suficiente de comida como para que no tenga necesidad de ir a buscar más lejos de la zona. También se le pondrá agua junto a la comida.
    • Estas rutinas serán de gran ayuda el día del rescate.
  • Es importante que cada día, cuando se le ponga la comida, el perro vea que tú se la estás poniendo, incluso puedes llamar su atención con unas llaves o un clicker, de forma que asocie ese sonido con la hora de comer. De esta forma el Equipo de Rescates podrá realizarlo exactamente igual que tú el día que vaya a la zona.

IMPORTANTE: Si nos encontramos un animal en la carretera o cerca de ella pero vemos que es huidizo, lo único que deberemos hacer es guiarle hacia el lado opuesto para que salga de ella, no intentéis nada hasta que esté fuera de peligro, en estos casos el principal objetivo será alejar al perro de la carretera.


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COSAS QUE NO DEBEMOS HACER:


  • Nunca debe agobiarse a un animal de este tipo. No se le debe perseguir ni arrinconar, ya que nunca se conseguirá coger de esta forma, porque siempre corren más que nosotros y tienen más reflejos, y además, en caso de arrinconarlos, el propio miedo puede hacer que ataquen, simplemente como defensa.
  • Ser muy conscientes de que cualquier animal en esta situación se mantiene en un estado de alerta constante, lo que hace que sus reflejos sean muchísimo más rápidos que los nuestros, por lo que no debemos fiarnos de poder echarles algo encima para cogerlos… o cualquier otro método parecido.
  • Nunca usar la comida como cebo para atraparlos, ya que no deben relacionar nunca la comida que le ofrecemos con peligro. Por el contrario, si le acostumbramos a alimentarle todos los días a la misma hora y en el mismo sitio, conseguiremos que confíe en que no hay riesgo alguno en ello, y el día que se plantee el posible rescate esto puede ser vital. HAY QUE SER PACIENTES.
  • No llevarle para comer huesos u otras comidas que pudieran dañarle.
  • No difundirlo ampliamente en internet, pues se puede provocar que intenten cogerlo personas sin experiencia, que lo único que conseguirán es aumentar la desconfianza del animal y, aún actuando con buena intención, dificultar el trabajo del Equipo de Rescates.


Kit imprescindible para el coche

Si alguna vez nos enferntamos a una recogida (no un rescate), deberíamos llevar un “Kit básico” por si acaso:


  • Un collar de ahogo (porque sirve para cualquier animal). 


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  • Una correa (Si nos encontramos en un apuro en el que por cualquier razón no tenemos correa o collar, podremos utilizar en su defecto un simple cinturón, que puede sacarte del paso).
  • Un bozal.

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  • Una lata de comida apetitosa para utilizarla de gancho.


  • Una manta.



La realidad de los galgos españoles...

8 abr 2012

... que muchos conocen y pocos denuncian.


No se sabe si el disparo lo recibieron antes o después de ser ahorcados. Los cadáveres de los cuatro galgos encontrados en un vertedero de la provincia de Toledo el pasado 18 de diciembre solo revelaban haber sido víctimas de la crueldad humana.

Hasta Galgos sin Fronteras llegaron, la pasada semana, las fotografías de dos galgos que habían sido arrojados con una piedra al cuello a un pantano de Murcia. “Y no es un hecho aislado ni mucho menos”, explica la presidenta de la Asociación, Cristina García.

Poco antes, a mediados de diciembre de 2011, voluntarios de Baas Galgo viajaban hasta Burujón (Toledo) para rescatar a una galga que había sido lanzada a un barranco -“es imposible que se cayera sola”- y que sufría deshidratación y desnutrición. Los bomberos que colaboraron en su rescate -debido a la inaccesibilidad del terreno- bautizaron como Candy a la perra de 3 años, que ese día volvió a nacer.

Paquito, un galgo de 2 años, debió de ser probado -empiezan a correr hacia los 24 meses- y desechado, porque cuando los rescatadores de Baas lo encontraron en un canal de regadío -“con paredes de tres metros del que jamás habría podido salir”- con la pata rota, comprobaron que el microchip -un dispositivo que identifica al dueño del perro- le había sido arrancado.

Tanto Candy como Paquito pueden considerarse afortunados por figurar en la lista de galgos abandonados en España que son rescatados y dados en adopción. Muchos otros, los dos que acabaron en el pantano de Murcia, los más de cien cadáveres descubiertos en 2009 en un vertedero de Villatobas (Toledo) o las decenas de animales encontrados a mediados de diciembre, corrieron mucha peor suerte al ser víctimas de una tradición terrible que, aunque cada vez menos y con mayor discreción, sigue viva en España.

Terminada la temporada de caza, quienes han corrido con galgos llevan a cabo una selección entre sus perros para determinar cuáles seguirán con ellos y cuáles serán desechados.

Entonces, tal como explica a ALBA Matilde Cubillo, presidenta de la Federación de Asociaciones Protectoras de Animales de Madrid, los perros que han sido buenos cazadores pero que se han roto una pata, son viejos o han adquirido vicios tienen una muerte rápida: los ahorcan.

Tocando el piano

Los perros, en cambio, que han resultado ser mediocres, reciben como castigo una muerte lenta y agónica: son colgados también, pero con las patas traseras apoyadas en el suelo. Y así pasan horas -“tocando el piano lo llaman ellos”- hasta que el agotamiento les impide seguir soportando su peso y ceden a la cuerda. “Cuando los descuelgas, los encuentras con las patas apoyadas en el suelo”. Esta tradición, que antes se llevaba a cabo en olivares, hoy sigue estando presente, pero se hace -como reconoció un niño a Cubillo durante una visita a un pueblo de la Comunidad de Madrid- en el patio trasero. “Y los vecinos lo saben, pero nadie denuncia”.

Las denuncias, en todo caso, supondrían sanciones administrativas y, si se aplicara el artículo 337 del Código Penal, hasta un máximo de un año de cárcel por animal, pero, explica Cubillo, “es muy difícil que se juzgue al culpable porque alegan que les han robado los perros o les arrancan el microchip”.

Bien lo sabe Sandra Baas, presidenta de Baas Galgo, que mantiene abierto un proceso judicial contra un galguero toledano -vicepresidente, además, del Club de Galgos de su pueblo- acusado de ahorcar a sus perros. A uno lo encontraron las voluntarias de Baas colgado todavía del árbol. Ese no es atribuible a nadie, ya que antes se le había arrancado el microchip. Vía muerta.

Pero las voluntarias observaron que, alrededor del cadáver, la tierra tenía otro color, “como si la hubieran removido”. Escarbaron y encontraron a otros dos animales ahorcados que, todavía con microchip, habían sido convenientemente enterrados. Y estas muertes sí se imputan a su dueño. El juicio está previsto para octubre.

Ante esta realidad de abandono y muerte cabe preguntarse, en primer lugar, por qué. Y la respuesta es matemática. Las asociaciones manejan una cifra de 500.000 galgos cazadores, reconocida por la Federación Española de Caza. Hay perros que sobran desde el principio: camadas de seis en las que solo se salvan dos -“hemos recogido camadas enteras de galgos tiradas a la basura. Otras veces matan a los machos y se quedan con las hembras para criar”-. Y hay perros que sobran al terminar la temporada -“tirando muy por lo bajo, se pueden abandonar 50.000 galgos al año”-. Y mientras unos se abandonan -su vida útil como cazador es mucho menor que su esperanza de vida-, no desciende la cría de estos animales. Conclusión: superpoblación y abandono.

Hasta aquí la realidad que, con fechas y fotos, describen las protectoras de animales. Con mayor o menor rotundidad, todas reconocen que no todos los galgueros maltratan a sus perros y que las terribles prácticas que ellas denuncian se dan, sobre todo, en la España rural o entre quienes no ven al galgo como un ser vivo. Reflejada esta justa y lógica salvedad, aseguran también que la realidad es conocida por la inmensa mayoría de quienes se relacionan con el mundo de las carreras de galgos, aunque a veces miren para otro lado.

De la oreja al juzgado

Preguntado por ALBA, el presidente de la Federación Española de Galgos, Carlos Sanz, afirma que nadie en su Federación -adscrita al Comité de Deportes y dedicada a los campeonatos de carreras de galgos- lleva a cabo esas prácticas. Asegura que las protectoras quieren cortar de raíz la práctica del deporte del galgo -erradicada en el resto de Europa- y que, por eso, pretenden criminalizar al colectivo.

Explica que los galgos que compiten en la federación están inscritos en un Libro de Orígenes y cumplen con los requisitos sanitarios y administrativos. “Son animales que pueden costar una fortuna (más de 50.000 euros), ¿cree que vamos a ahorcarlos?”.

Sanz, que asegura que llevaría “de la oreja al juzgado” a cualquier persona que cometiera atrocidades como la del ahorcamiento de perros, explica, eso sí, que quienes practican el deporte del galgo no ven en ellos a una mascota. “Si yo tengo varios galgos y uno no corre, se queda en mi casa si tiene una ascendencia genética. O, si no corre al nivel que yo le exijo, hay muchísimas personas que estarían encantadas de coger ese galgo para seguir corriendo con él. Unos serán para competición deportiva y otros para actividad de caza”.

¿Y respecto a la sobreabundancia de galgos? Responde con otra pregunta: “¿Usted cree que todos los jugadores de la cantera de un equipo sirven para llegar al primer equipo? Y ¿qué hacen con los que no sirven?; ¿los ahorcan?”. Insistimos, ¿qué se hace, entonces, con los galgos que no sirven? “Hay un mercado, no lucrativo, un mercado de regalo o intercambio”.

Insiste en la responsabilidad y buen trato de los galgueros federados para con sus animales -“también tenemos hijos a los que cuidar y educar, ¿cómo les vamos a transmitir eso?”- y añade que nadie puede imaginar a un perro maltratado o subalimentado que luego, el domingo, se va a una carrera y se pone a perseguir liebres. “Los galgos necesitan entrenar, correr, jugar, desarrollar su instinto... El problema de los galgos es estar en la ciudad, metidos en un piso, donde no se ve un perro sano”.

Concluye con una cifra, la que aportó el Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil) a petición de la FEG sobre denuncias de perros maltratados. Frente a las 1.177 relativas a los galgos, durante el año 2009 se produjeron 2.285 relativas al resto de razas cazadoras y 3.697 respecto a otras razas.

Pero, como siempre, las cifras pueden tener varias lecturas y, en este caso, las protectoras afirman que sólo se contabilizan las denuncias de perros con microchip, que, en el caso de robo, abandono y ahorcamiento de galgos, tiene una solución tan fácil como arrancárselo.

Un zulo de hormigón

Y luego están los hechos -“a mí no me convencen, porque me he topado con la cruda realidad”, subraya Cristina García-.

La realidad es, según ella, que los galgos rescatados por su asociación tenían tanto miedo al ser humano que, cuando iban a acariciarlos, se echaban al suelo y se hacían pis de puro pánico -“nos cuesta meses conseguir que pierdan el miedo al hombre”-. Recuerda con tristeza cuando, hace ya muchos años, viajó a Alemania para reunirse con una asociación que recogía galgos españoles y los llevaba a asilos o familias -son perros muy deseados por su carácter pacífico y dulce- y los perros, al oír hablar español, se escondían y comenzaban a temblar. “Eso lo he vivido yo, no me lo invento”.

Baas afirma que en el mundo de los galgos hay tanta “gentuza” que hasta los propios galgueros a veces tienen miedo a denunciar: “A mí me han llamado varias veces contándome cosas para que las denuncie porque ellos no se atreven”, y Matilde Cubillo relata cómo acompañó a la Guardia Civil a intervenir un zulo de galgos. Hormigón, un calor asfixiante y tres o cuatro agujeros para que entrara el aire era la vivienda de catorce perros, muchos robados y, por eso, mantenidos lejos de miradas ajenas.

“Ojalá”, concluye Baas, “la situación hubiera mejorado, nada nos gustaría más”. Pero las cifras cantan y su asociación encontró, sólo en el pueblo de Fuensalida y durante el mes de diciembre, cincuenta galgos abandonados. Y esos, tuvieron suerte.






Perros potencialmente peligrosos - Todo lo que debemos saber sobre los PPP

20 ene 2012

Titulado como etólogo canino y clínico en comportamiento, título otorgado por la Asociación para el Estudio del Perro y su Entorno (AEPE).

Antes de analizar el tema de los “perros potencialmente peligrosos” deberíamos estudiar qué entendemos o cual es el significado de dicha etiqueta.

Si buscamos en el diccionario de la Real Academia de la lengua Española el significado de “potencial” encontraremos lo siguiente: “Que puede suceder o existir, en contraposición de lo que existe”, es decir, que tiene la posibilidad de ser peligroso aunque no lo es. Por tanto, la siguiente tarea consiste en determinar si existen razas potencialmente peligrosas.

Analizando el tema con objetividad, es evidente que las razas de mayor tamaño tienen un potencial superior para hacer daño que las razas pequeñas. No obstante, que tengan un mayor potencial no las hace más agresivas que otras razas con un menor potencial, de la misma forma que una persona formada e instruida en técnicas de combate o una persona con una fuerte musculatura, posee un mayor potencial para hacer daño, pero la experiencia nos demuestra que no por ello son más agresivos.

Que una persona hipertrofie sus músculos en un gimnasio o aprenda a pelear en una academia de artes marciales, no la hace más belicosa. De la misma forma, un policía y un delincuente armados con una pistola poseen el mismo potencial para matar, pero todos coincidiremos en que el policía no representa un peligro social y esto se debe a que carece de la agresividad del delincuente. Por tanto llegamos a la conclusión de que la peligrosidad de un individuo no está en su fuerza sino en su agresividad.

Pasemos por tanto a analizar la agresividad en la especie canina y determinar si existen razas más agresivas que otras.

Podemos dividir la agresividad en dos grandes fuentes: la causa orgánica y la conductual. Por supuesto, una causa no excluye la otra, ya que se pueden dar a la vez.

La agresividad por causa orgánica, como el hipotiroidismo o cualquier dolor, no son exclusivas de raza alguna y por tanto no nos sirven para determinar si una raza es más peligrosa que otra. Si bien, es indiscutible que ciertas patologías tienen mayor tendencia a sufrirlas ciertas razas, como las otitis en perros de orejas grandes o la distimia en el Cocker. También existe mayor tendencia en ciertas razas a la displasia de cadera, lo cual es responsabilidad de los criadores el ir eliminándola de muchas razas muy azotadas actualmente por esta patología, como el Pastor Alemán.

Por otro lado nos encontramos con la agresividad por causa conductual. Todo animal mostrará conductas agresivas cuando entre en conflicto con sus instintos (supervivencia y reproducción). Debemos entender que esto no es exclusivo del Canis familiaris y que es común a infinidad de especies, todas aquellas con capacidad de luchar y hacer daño, excluyendo así solo a las especies que basan su estrategia defensiva en el mimetismo y/o la huida. Además, luchar en estas situaciones es una estrategia adaptativa, necesaria y, por tanto, común a todas las especies.


Ante un conflicto solo existen tres alternativas: enfrentamiento, huida y evitación, y el animal escogerá una u otra en función del valor del recurso que esté en juego en dicho conflicto.

Así un perro puede huir de otro animal que quiera hacerle daño, pero se verá obligado a luchar si es acorralado, pues eliminamos sus opciones de huida y evitación. Como digo, esto es común a todas las razas e incluso a infinidad de especies, incluida la nuestra: la especie Homo sapiens. Así, todo perro mostrará conductas agresivas cuando peligre su recurso, espacio y acceso a las hembras, todo ello factores dependientes de sus dos instintos.

Por supuesto, territorialidad y dominancia son también factores dependientes de sus instintos y por tanto naturales en todas las razas.

Así pues, ¿qué hace que un perro muestre conductas agresivas en aquellas situaciones en que otros perros no muestran dichas conductas? Únicamente el aprendizaje.

La conducta canina viene marcada por la interacción entre el Genotipo y el ambiente.

Analizaremos primero el Genotipo canino. Los genes heredados de los padres tienen una influencia indiscutible en los rasgos físicos del perro, sin embargo no ocurre lo mismo con los rasgos de conducta. Los genetistas han llevado a cabo estudios en los que se ha demostrado que los rasgos de conducta se heredan genéticamente en una proporción próxima a cero por lo que prácticamente no son hereditarios, a diferencia del factor miedo, que tiene una heredabilidad mayor. Sin duda alguna, el miedo puede ser fuente de agresiones y además de gran peligro, ya que una agresión por miedo puede ser muy fiera al poner en peligro la misma supervivencia del animal, sea cierto o no que su vida peligre, basta que él lo interprete así.

Es tarea de los criadores y clubes de razas controlar la cría y eliminar de ella los ejemplares con conducta miedosa. No hace falta decir que el miedo, como factor imprescindible para la supervivencia, existe en todas las razas, pero su exceso no es típico de razas concretas, sino de individuos concretos, muy alejados del equilibrio entre estímulos y respuestas u “homeostasis sensorial” por su exceso de miedo. Así pues, llegamos a una conclusión clara: la agresividad no depende de la genética, sino de la experiencia/aprendizaje.

Tras analizar el tema de la agresividad llegamos a la clara conclusión de que todos los perros muerden, de la misma manera que todos los niños saben golpear, y que lo que hace a un perro morder en situaciones en que no debería hacerlo es únicamente el aprendizaje. Como muestra de ello basta mirar las estadísticas para comprobar que las muertes provocadas por ataques de perros están mayoritariamente provocadas por perros no catalogados como “potencialmente peligrosos”. Pero ¿de quién aprenden la conducta agresiva?

Puesto que los perros pasan un período muy corto con la madre y hermanos y son separados de estos a muy temprana edad no es difícil deducir que ese aprendizaje viene dado por el ser humano, bien sea de forma consciente o por ignorancia. Así, y mediante argumentos científicos, queda patente que la conducta agresiva de un perro deriva de la mala praxis del propietario y no de unas características raciales o filogenéticas.

Por tanto, ¿existen perros potencialmente peligrosos? Por supuesto; todos aquellos perros con un peso o fuerza suficiente como para causar daños, lo que engloba a casi todas las razas y mestizos. Si añadimos aquellas razas capaces de causar lesiones en niños pequeños nos vemos obligados a añadir a TODAS las razas caninas y mestizos que existen.

¿Cómo se puede solucionar el problema de la agresividad canina? Mediante disciplina y control, la cual solo puede aplicarse mediante la adecuada formación del propietario o la ayuda de un profesional canino adecuadamente formado para aplicar una férrea disciplina y un estricto control sobre el perro, castigando, no a raza alguna, sino a toda persona que, con conocimiento, instigue a cualquier perro a llevar a cabo agresiones injustificadas. Queda así claro y argumentado científicamente, que el peligro no está en el perro sino en su portador, de la misma manera que las pistolas no matan, lo hacen las personas que se esconden tras ellas y aprietan el gatillo.

A continuación me tomaré la libertad, con el permiso del lector, de abandonar la objetividad científica y aportar mi opinión personal sobre la vigente ley de tenencia de Perros Potencialmente Peligrosos.

Desde mi experiencia profesional, tratando casos de agresividad, he podido comprobar que, en la gran mayoría de casos en que se solicita mi ayuda, se tratan de perros de talla pequeña, y hablo de un porcentaje altísimo que roza el 100%.

La razón es sencilla: hay una altísima tendencia en los propietarios de perros pequeños ala sobreprotección y el hiperapego, ya que los perros pequeños suelen ser más “tiernos” que los de raza grande, como mínimo hasta que muestran conductas agresivas en las que la ternura se convierte en pavor.

Por otro lado, los perros de talla grande suelen ser adquiridos por gente joven o con carácter fuerte, en definitiva, personas que se imponen al perro y en muchos casos plantan cara a las amenazas dejando patente su autoridad.

Esa es la principal razón de que la mayoría de ataques sean llevados a cabo por perros de talla pequeña y no por perros grandes.

Por supuesto que también hay perros de talla grande agresivos, pero personas ignorantes e indeseables hay muchas y con toda clase de perros, no obstante no vemos tanto en perros grandes la permisividad que se da a los de talla pequeña. En definitiva, volvemos siempre al mismo concepto: la agresividad en el perro no es fruto de raza alguna, sino de la acción de propietarios ignorantes, desinformados o tarados que quieren perros imponentes. Siempre son los dueños.


Desde los inicios de la Selección Artificial hemos enfocado la cría hacia la especialización y mejor aptitud de determinadas razas para ciertas labores. Es cierto que antiguamente también había ataques por parte de perros, pero los ejemplares agresivos eran sacrificados al instante. El perro se criaba para una función determinada y no como animal de compañía, lo que creaba una criba entre los individuos que no eran aptos para desempeñar su función apartándolos de la cría y manteniendo así, perros equilibrados y funcionales. Con la introducción del perro como animal de compañía aparecen nuevos problemas.

¿Cómo pueden mordernos perros que nosotros seleccionamos? Sencillamente porque la gente no está preparada para tener perros. La gente los adquiere sin tener la más mínima noción de educación y disciplina canina.

Por otro lado están los perros seleccionados para belleza, seleccionados únicamente por sus características físicas y dejando de lado el carácter. Así aparecen infinidad de perros de gran belleza pero desequilibrados, miedosos y en definitiva; tarados. Desde aquí condeno duramente este tipo de crianza, en la que solo se tienen en cuenta las características físicas o el Standard físico del perro dejándose de lado aspectos más importantes para la convivencia con el ser humano como es el carácter.

De la misma forma condeno a quienes crearon, asesoraron y mantienen a día de hoy tan absurda ley.

¿Por qué un gobierno, que puede disponer del asesoramiento de los mejores especialistas antes de promulgar una ley, acude a un club de criadores y adiestradores, omitiendo expertos en conducta animal, genetistas, etc? Se promulgó una ley sin contar con la opinión de personas debidamente formadas en universidades y en las especialidades que corresponderían al tema que nos atañe.


El resultado de asesorarse mal y por gente que poco sabe del tema ha sido una ley absurda y disparatada que ahora sufrimos los dueños de perros injustamente etiquetados. Resulta absurda hasta el punto de crear una lista negra con 8 razas y luego crear el anexo 2 con las características de todo perro que debe ser catalogado, características que cumplen en su mayoría esas 8 razas, con lo cual caen en una redundancia con la única intención de machacar esas razas. Por otro lado hay muchas razas que cumplen el anexo 2 y no requieren de licencia, como Pastor Alemán, Pastor Belga, Mastines de todo tipo, etc.

Sin duda alguna, la raza más perjudicada por esta absurda ley ha sido el American Pit Bull Terrier (APBT)

Esto se debe a su fama de perro de pelea y a la absurda campaña llevada a cabo en su contra por los medios de comunicación.

Respecto al tema de las peleas de perros (las cuales condeno con gran dureza) debo decir que solo un porcentaje bajo de APBT’s descienden de las peleas o pelean actualmente, ya que la raza no fue creada para ello, como muchos piensan. Por otro lado invito a quien lea este artículo a meterse en la piel de un “peleador de perros” y se imagine en el ring con su perro. Estos animales pelean por asaltos para evitar que gane el primero en apresar. Los perros deben separarse cuando el juez lo indica. ¿Cómo reaccionaría el lector, si fuera un peleador y su perro le mordiera al separarlo de otro? Sin duda haría lo mismo que hacen los peleadores de perros: matarlo. Con ello, y sin darse cuenta, llevan a cabo una selección artificial en la que todo perro que muerde a una persona, a pesar del alto estado de excitación del animal, es ejecutado y por tanto no cría. El resultado es la obtención de perros adiestrados para matar a otros perros, pero inofensivos con el ser humano.

Solo me queda decir a quienes sostienen esta absurda ley, que de la misma manera que recibimos un curso de conducción y educación vial antes de poder conducir, deberían educar a la gente que desee poseer perros. Los problemas se solucionan con cultura y, desgraciadamente, en este país hace falta mucha cultura canina.



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